Nuestro planeta ya no da más. Los crecientes impactos negativos desencadenados por nuestros demandantes estilos de vida han provocado un desgaste y un agotamiento critico de las bases ecológicas que sostienen la vida en la Tierra.

La huella ecológica, o demanda por recursos de la población mundial, es hoy en día superior a la biocapacidad de la Tierra, es decir su capacidad de entregar esos recursos y de absorber los residuos producidos. Con 7,6 mil millones de habitantes en el planeta en la actualidad, se estima que cada uno de nosotros podría, potencialmente, utilizar los recursos y servicios producidos en una superficie aproximada de 1,7 hectáreas productivas (biocapacidad global de 1,7 gha) sin impactar negativamente en la capacidad de bio-generación del planeta. Sin embargo, la huella ecológica promedio a nivel global es actualmente de 2.8 gha por persona (cifra que se triplica en muchos países desarrollados).

¿Qué quiere decir esto? Que muchos de nosotros vivimos demandando recursos del sistema de forma totalmente desproporcionada y egoísta. Vivimos sumidos en el tren de una sociedad consumista que persigue cada vez más recursos, más servicios, más “alto standard” de vida, más de esto, más de aquello, una sociedad que demanda y desecha sin cuestionamientos —1,3 billones de toneladas de residuos se producen al año a nivel global)— y que al hacerlo ejerce profundos e irreversibles impactos ecológicos y sociales en el planeta.

Fórmate una idea general de tu huella ecológica en las plataforma online de “Global Footprint Network” o del Ministerio de Medio Ambiente (https://www.footprintcalculator.org/signup, http://www.mma.gob.cl/quieromejorarmihuella/ ). Luego infórmate y toma consciencia de la magnitud y los impactos concretos de tus decisiones de vida.

 

Impactos ecológicos

Cada vez que demandamos estamos ejerciendo, directa o indirectamente, presión sobre los ecosistemas naturales que sostienen la vida en el planeta. Tal ha sido el impacto, que hoy en día nuestros recursos naturales se encuentran severamente degradados y su baja capacidad de autoregenerarse representa una amenaza inminente para el bienestar y la supervivencia de muchos millones de personas.

La creciente presión de nuestra sociedad industrializada está contribuyendo a que más del 40% de los océanos estén seriamente afectados por contaminación, sobrexplotando sus especies y degradando los hábitats costeros. Estamos a la vez contaminando ríos y aguas subterráneas exacerbando gravemente la crisis global de escasez de agua.

Por otro lado, somos responsables de que casi la mitad de los bosques que en algún momento cubrieron la superficie del planeta ya no estén. La deforestación está aumentando a tasas críticas. Mas de 13 millones de hectáreas de bosques se pierden cada año, favoreciendo la degradación de los suelos y la desertificación.

De la mano de la industrialización de la agricultura, hemos provocado la degradación y la perdida de fertilidad de los suelos de más del 50% de las tierras agrícolas en el mundo, lo que sumado a las sequías y la desertificación resultan en más de 12 millones de hectáreas perdidas cada año; tierras en las que podrían cultivarse más de 20 millones de toneladas de alimentos.

Una las consecuencias más graves de la presión que estamos ejerciendo sobre nuestros ecosistemas es la pérdida de biodiversidad. La inmensa biodiversidad que habita los ecosistemas naturales como bosques, océanos, suelos, ríos, etc. nos proveen una serie de servicios ecosistémicos que son esenciales para nuestra supervivencia. Servicios ecosistémicos tales como la regulación y purificación del agua y el aire, la estabilidad climática, la fertilidad de los suelos, el control de plagas y enfermedades, la polinización de cultivos, entre otros, se ven irremediablemente afectados con la pérdida de biodiversidad. Cada vez que impactamos la biodiversidad nos estamos impactando a nosotros mismos, ya que la producción de nuestros recursos más básicos: los alimentos, el agua, y el aire puro dependen de ellos.

 

El cambio climático

Acostumbrados a depender de altos niveles de energías fósiles para sostener nuestros estilos de vida industrializados, nuestra huella de carbono ha aumentado en la última década más rápido que en cualquiera de las décadas anteriores. Como consecuencia, no sólo estamos impulsando una catastrófica crisis energética a nivel global, sino que estamos, a la vez, contribuyendo día a día al calentamiento global. Las consecuencias del cambio climático que estamos generando son enormes y ya muy bien conocidas, incluyendo cambios en los patrones del clima que favorecerán inundaciones y sequías; contaminación del aire (causa de más de tres millones de muertes prematuras al año); lluvia ácida; crecida del nivel del mar; acidificación y calentamiento de los océanos; derretimiento de los polos, entre otros. El cambio climático está ocurriendo hoy y sus devastadores impactos amplificarán enormemente diversas crisis sociales y ecológicas a nivel mundial. ¡Suena alarmante, pero es real, y tú al igual que yo, somos responsables de esta catástrofe!

 

Impactos sociales

De la mano de la crisis ecológica, energética y climática que estamos enfrentando, dramáticas crisis sociales a nivel global se verán inevitablemente exacerbadas. Conflictos sociales tales como la pobreza, el hambre, la desigualdad social y las migraciones, se tornarán aún más críticos con la escasez y elevados costos de recursos básicos como el agua, los alimentos, la tierra y la energía. Los impactos serán tremendos y nuevamente serán aquellos más vulnerables los que se verán más afectados.

Las crisis que se avecinan no nos pueden dejar indiferentes. Sobre todo si tomamos consciencia que hoy en día ya existen 760 millones de personas que viven en extrema pobreza (2 mil 200 millones viven con menos de US$2 al día), más de mil millones de personas padecen hambre y otros mil millones padecen malnutrición crónica, más del 40% de la población mundial sufre de escasez de agua y más de mil millones de personas simplemente no tienen acceso a fuentes de agua potable, mil 400 millones de personas no tienen acceso a electricidad a nivel global y más de tres mil millones aún utilizan fuentes como la madera, el carbón, o los residuos de animales para cocinar y calefaccionarse, además, hoy en día ya son 250 millones de personas las que migran alrededor del planeta en busca de mejores oportunidades de vida, o simplemente porque no tuvieron otra opción.

 

 

 

Reflexiones

Si seguimos demandando a un ritmo tan egoísta e inconsciente como lo hacemos hoy en día, para el 2050 habremos degradado a tal punto los ecosistemas terrestres, que para proveer los recursos que demandarán los 10 mil millones de personas que habitarán este mundo para entonces, se necesitarán nada menos que tres planetas Tierra. Es ilusorio pensar que podremos seguir viviendo por siempre como lo hacemos hoy en día. Debemos con urgencia caminar hacia sociedades que se desarrollen de forma sustentable y equitativa, sin transgredir los límites planetarios ni el bienestar de ningún ser vivo.

La compleja interrelación de la agenda social, económica y medioambiental que es requerida en esta transición ya es materia de discusión y de cambios en los niveles más altos de nuestras estructuras sociales. El conjunto de metas para el Desarrollo Sostenible Mundial firmado en el 2015 y el acuerdo de París firmado en el marco de la conferencia del cambio climático (COP21) en el mismo año, son algunos ejemplos concretos de estas iniciativas globales, que no obstante son aún insuficientes.

El camino a la transición hacia sociedades sustentables es un proceso complejo, en el cual no solo diversas corrientes de pensamiento se ven enfrentadas, sino que las fuerzas de poder, al igual que los intereses económicos y políticos, tienen mucho que decir.

Por un lado, hay quienes sostienen firmemente que de la mano de un capitalismo “verde” podremos revertir la magnitud de nuestros impactos y construir sociedades más sustentables, enraizadas, sin embargo, en un modelo económico de crecimiento ilimitado, que se sigue rigiendo por los intereses económicos y que en el fondo busca seguir perpetuando el consumo excesivo, la producción ilimitada y el desecho. Esto lo hace un modelo altamente cuestionable.

Por otro lado, hay quienes creen que el camino hacia la real sostenibilidad vendrá acompañado de formas de vivir inspiradas en la simplicidad y el decrecimiento. Un cambio radical de paradigma que nos invita a salirnos de la lógica del consumo y a desarrollarnos basados en una economía de la suficiencia y no de la acumulación. Un modelo de desarrollo que busca promover comunidades locales que se desarrollen dentro de los límites de su capital natural, que respeten y valoren su capital humano, y que por sobre todo promueva la autosuficiencia y la autogestión.

El camino no es uno solo, ni es absoluto. Para mí, el verdadero camino hacia la transición deberá venir acompañado de un cambio profundo en nuestros niveles de consciencia. Desde ahí, y sólo desde ahí, surgirá el cimiento más poderoso del cambio, la voluntad. Voluntad por coexistir de forma equitativa, justa y respetuosa con nuestro planeta, sus recursos y sus muy diversas culturas.

 

María Paz Bernaschina O.

Cofundadora Fundación por la Permacultura

porlapermacultura@gmail.com

 

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