Ecosistema Local

Aprendiendo, Cuidando y Evolucionando junto a nuestro entorno natural

TRIBU INDÍGENA KATU DE POTIGUARA     «Un Oasis en Medio de la Caña de Azúcar»

Abril  2018

 

Nuevamente fuimos a visitar la aldea, pero esta vez con un foco claro hacia su agricultura. La visitamos 4 personas, July que es psicóloga medioambiental, una voluntaria de Espacio Catú llamada Carolina que es botánica de profesión, una chica llamada Raíces que vive en pipa que es bióloga y yo. Nuestra intensión era saber un poco sobre su historia, su estado actual y comenzar a comprender sus necesidades.

Juan Pablo, hijo de padre agricultor y madre mangabera (recolectora de mangaba silvestre) nos llevó de visita donde algunos agricultores orgánicos y otros convencionales, haciendo un recorrido de larga caminata e interesantes conversaciones en torno a sus cultivos, semillas, rendimientos, dificultades, sus tierras, sistemas de comercialización, dolores y aspiraciones. Él, junto a su familia son de los pocos agricultores que han sabido conservar sus tierras y seguir trabajándolas en sintonía con la naturaleza. Ellos no usan químicos en su producción, trabajan solo con un sistema de “engorde de suelos” como le llaman ellos, que consiste en abonar con guano de vaca. Sin embargo, al comparar sus producciones con las de otros agricultores convencionales, se lamentan por obtener bajos rendimientos y eventuales pérdidas por ataque de plagas y enfermedades. En mi opinión, creo que este es el punto clave para comenzar a trabajar; ya que una agricultura orgánica, ecológica, agroecológica, respetuosa o como le quieran llamar, que esté bien manejada con los recursos propios y algo de esfuerzo, debiera entregar aún mejores resultados productivos y económicos que un sistema de agricultura convencional, ya que éste último tiene fuga de capital en la compra de semillas e insumos químicos. Este punto es clave, ya que basta que un agricultor comience a obtener buenos rendimientos y mejor retorno económico basado en un sistema de agricultura respetuosa, para comenzar a ser el motor de cambio de un proceso real de transición para todos los agricultores de la tribu.

Son terrenos realmente maravillosos, un verdadero paraíso que aún tienen la posibilidad de conservar. Se deben mantener fuertes ante las presiones por parte de la industria de caña que quiere acceder a sus tierras, ante la seducción por parte del municipio con el regalo de semillas comerciales y ante la tentación de poner químicos en sus suelos.

La sensación con la que me quedé después de la visita, es que ellos necesitan ayuda; están sumergidos en la pobreza económica, su producción si bien no es escaza, es poco abundante, su comercialización aún es muy precaria y no logran vender todo lo que producen. Necesitan apoyo, mejorar sus sistemas de producción, aprender a nutrir bien sus suelos, a hacer asociaciones de cultivos, a rotar para evitar enfermedades; necesitan apoyo para lograr una organización entre sus productores, para conseguir una buena venta de sus productos y así poder continuar cultivando sus tierras y conservando su cultura.

TRIBU INDÍGENA KATU DE POTIGUARA

Marzo 2018

 

Mi vecina July, un tiempo atrás fue a conocer la única aldea de los indígenas katu de Potiguara que existe en todo Río grande do Norte de Brasil, cultura que ha venido resistiendo a todas las presiones ejercidas por el gobierno y dueños de cañaverales para expropiarles sus tierras y hacer de ellas la monocultura de la caña de azúcar. Después de larga resistencia y lucha por su reconocimiento y protección, han conseguido algo de respeto, y hoy en día parte de su trabajo está siendo el transmitir a otros su cultura y sabiduría ancestral.

Un día conversando con July y preguntándole si conocía algunos pequeños productores por la zona que pudiésemos visitar, ella mencionó esta aldea y rápidamente sentí la certeza de que tenía que ir para allá. Un par de semanas posterior a esta conversación, July organizó una visita y una caminata por la mata atlántica en búsqueda del reconocimiento de alimentos de recolección silvestre y de plantas medicinales del lugar.

Creo no tener palabras para transmitir lo vivido en ese día, ya que fue una experiencia tan maravillosa que se me hace casi imposible expresar. Sin embargo, iré haciendo un intento…llegamos al lugar acordado como punto de encuentro con el capataz de la tribu y dos indígenas más que lo acompañaban a él para guiar a este grupo de 6 mujeres en la ruta de las plantas medicinales. Conversamos un poco y luego emprendimos la caminata sumergiéndonos en la misma ruta que han hecho por cientos de años los cazadores y recolectores de esta tribu. Durante el camino fuimos comiendo frutitas como guabiroba, cambuí y mangaba; conociendo especies medicinales como la corteza del barbatimao. Paramos en el “ojo de agua” de la naciente del río Katu, observamos, caminamos, conversamos, sentimos, respiramos y regresamos luego de unas 4 horas. Fue algo intenso y agotador por el calor que hacía, sin embargo, la sensación de plenitud cuando salimos de ese bosque es algo que se siente maravilloso.

Saliendo de la mata atlántica comienza el pueblo y también se empiezan a asomar los terrenos cultivados por sistemas de agricultura familiar. Recorrido que en esta oportunidad quedó pendiente pero que prontamente vamos a realizar. Lo que sí logramos conversar un poco fue sobre el manejo de los cultivos que están teniendo al día de hoy, los que, con el dolor de su alma el capataz mencionaba que estaban siendo contaminados por la industria química y el vicio de los fertilizantes de síntesis. Sin embargo, la esperanza en él no está perdida, ya que hay 6 pequeños productores que cultivan orgánico y que lo hacen con buenos resultados, pudiendo ser el ejemplo para implementar un programa de transición a la producción orgánica de toda la aldea. Una tarea difícil, pero que se puede lograr.

OBSERVANDO NUESTRO ENTORNO

Enero 2018

 

Lo primero que estamos haciendo es instalarnos en nuestra casa, acomodarla, estamos construyendo otro cuarto, limpiando un poco el terreno, estoy tratando de pasar bastante tiempo observando el lugar y conociendo a quienes serán nuestros vecinos y compañeros de vida; poniendo especial énfasis en conectar con gente nativa del lugar, ya que nadie conoce más las tierras que quienes han nacido en ellas. Así es como he tenido la fortuna de conocer a Carliños, quien es un nativo de esta zona que sabe todo sobre este lugar, conoce la tierra como la palma de su mano y lleva años trabajando junto a Angely con las cabras y plantas de espacio Catú. Junto a él, estamos haciendo un catastro de todas las especies de plantas y árboles que ya tiene este lugar, así seleccionaremos cuales quedarán y cuales se convertirán en biomasa para poder dar espacio a los árboles frutales y hortalizas.

Otro trabajo importante que he ido haciendo, es comenzar a conocer un poco la historia de estas tierras; a qué las han destinado, cuáles son las prácticas de manejo de suelos, cuál es la cultura agrícola del lugar, reconocer los alimentos más consumidos y cuáles son los alimentos originarios y mejor adaptados a la zona.

Hoy ha llegado a casa el pedrero (quien está construyendo un cuarto nuevo) y me trajo unas frutas de color rojizo y de un sabor único llamadas Jambre, me trajo también una rama de ese árbol y en cosa de segundos me explicó que necesitaba mucha agua, que es sensible al trasplante, que da sus frutos en forma de racimo y que gusta mucho de tener su propio espacio. Trajo otra fruta que no había visto nunca y se llama limón japonés, es de la familia de las carambolas y tiene un sabor ácido muy especial. Puso en el regalo un limón llamado limón de bahía, fruto grande de los cítricos y muy gustoso. Así he comenzado a aprender sobre algunos cultivos y frutales del lugar. También me he hecho visitante activa del vivero donde trabaja don Luis, un hombre grande que lleva su vida trabajando con la tierra, donde con paseos y conversaciones hablamos sobre las plantas, sus necesidades y otros temas de la vida. Con él he aprendido mucho y he conseguido las primeras plantas para mi jardín.