La Evolución Familiar

Nosotros, los inicios del proyecto, nuestro camino y aprendizajes

 

UN POCO DE NUESTRA HISTORIA

 

Somos una familia compuesta por Paula (yo), Leo (mi compañero de vida), Amaro (9), Gael (6) y Pascal (4). Por mi parte, llevo años dedicándome a la agricultura urbana, trabajé en Santiago de Chile unos 10 años en estas temáticas y pude vivenciar día a día la desconexión del ser humano con la naturaleza y el impacto que esto genera en nuestra forma de vivir, de pensar y de sentir. El proceso fue largo, poco a poco comencé a darme cuenta de cómo vivimos, de cuáles son las prioridades de una sociedad de consumo, de cómo funciona un mundo acelerado y sumamente exigente, de cuánto tiempo estamos dedicando a nuestros hijos y a nosotros mismos, de cómo influye en la vida de las personas el exceso de conexión (internet) que finalmente nos desconecta y cómo la decadencia en nuestra alimentación está afectando nuestra salud. En fin, mi trabajo comenzó a enfocarse en fomentar la agricultura urbana para minimizar, en algún grado, las implicancias que traen consigo el vivir en una ciudad lejos de la fuente de la vida “la tierra”. Me dediqué a hacer clases, realizar talleres, escribir en una revista sobre estos temas y trabajar activamente en cada proyecto que significara, desde mi punto de vista, ser un aporte real.

 

LOS INICIOS DE UN PROYECTO

Enero 2018

 

Así andaba la vida hasta que un día todo cambió; nos vinimos de vacaciones al nordeste de Brasil y por esas cosas que no tienen mucha explicación, nos encontramos con un lugar mágico y especial que nos invitó a sentir, a repensar lo que estábamos eligiendo cada día, a ver realmente lo que queríamos para nuestros hijos, a ser críticos y realistas en la cantidad y calidad del tiempo que les estábamos dedicando a ellos; nos invitó a ver cuál era el foco de nuestros esfuerzos, a cambiar las prioridades y finalmente decidimos que queríamos vivir de un modo diferente. Así fue como conseguimos comprar unos 3000 metros2 en este lugar llamado Entre Ríos, una localidad que pertenece a la ciudad de Vila Flor, a unos 20 km de Pipa y unos 120 km de Natal. Quien nos vendió el terreno fue el chino, un amigo de Leo (mi marido). El chino es un chileno que llegó a estas tierras junto a Lauri y Angely, hija y madre holandesas que decidieron dejar su país para vivir en calma en este lugar. Ellas tienen un terreno de unas 6 há donde cuentan también con un hermoso río y un conjunto de flora y fauna nativa. Este lugar se llama “Espacio Catú”, haciendo referencia al nombre del río que pasa por acá. 

Lo primero que pensamos sería hacer un plan para preparar nuestra partida desde chile y acomodar lo más posible nuestra llegada por acá. Así comenzamos a planificar y trabajar en nuestro proyecto. Volvimos al año siguiente en vacaciones y comenzamos a levantar lo que sería nuestra casa, la que en principio la queríamos de adobe, pero por un tema de costos y rapidez (no teníamos más que un mes) la tuvimos que hacer de ladrillo; que, aunque en sus comienzos no me gustó tanto la idea, debo reconocer que tiene sus ventajas en términos de costo y acceso (son tierras arcillosas donde abunda el ladrillo y la teja). La casa la dejamos bastante avanzada el verano del 2017, luego nos fuimos a Chile nuevamente a trabajar todo un año para venirnos tranquilos y bien organizados. Así fue como volvimos a Brasil un 25 de diciembre del año 2017, ya con algunas maletas de ropa y dispuestos a vivir un tiempo indefinido por acá.

Para cambiar de rumbo en la vida, como familia creemos fuertemente que tienen que existir motivaciones y proyectos que tengan la posibilidad de hacerse reales y concretos. También creemos que no se puede buscar el bienestar personal ni familiar sin pensar en la repercusión que tiene cada paso que damos. Es por ello que en lo que respecta a nosotros, el proyecto inicial será establecer nuestro hogar y queremos comenzar a impulsar el desarrollo de sistemas de agricultura respetuosa en la producción para la alimentación familiar y comunitaria de esta zona de Brasil, donde la horticultura se ve muy poco y los suelos han sido dedicados casi todos a la producción de caña con práctica de quema.