Soberanía Alimentaria

UN BOSQUE DE ALIMENTOS

Mayo 2018

 

Los bosques de alimentos, también llamados bosques comestibles, jardines forestales, sistemas de agrofloresta o bien conocidos como forest gardens, son un sistema que imita la estructura de un bosque natural, solo que son diseñados y hechos por el hombre.

Para la creación de un bosque comestible, se deben considerar algunos puntos claves como son: el policultivo, el uso de capas y la generación de un ecosistema que sea capaz de permanecer en el tiempo. El policultivo hace referencia a la existencia de varias especies conviviendo juntas, donde para evitar la competencia entre ellas, se hace un diseño en relación a sus formas, tamaños, requerimientos y necesidades nutricionales; será fundamental el uso de plantas perennes (aseguran la permanencia del sistema) y abundancia de leguminosas (aportan nitrógeno al suelo). El uso de capas, consiste en formar un mínimo de 3 capas que se pueden agrupar en árboles, arbustos y herbáceas; abarcando gran diversidad desde frutales, especies perennes, leguminosas, cereales, hortalizas, cultivos de raíz, enredaderas, hongos, etc. Por último, será necesaria la generación de un ecosistema, es decir, que todas las especies existentes sean capaces de interactuar de manera positiva entre ellas en la búsqueda de la abundancia, resistencia y permanencia.

Un sistema bien diseñado, debiera autofertilizarse por las diferentes especies presentes en él y por el reciclaje de las cosechas; debiera estar libre de plagas y enfermedades importantes producto de la asociaciones y la generación de equilibrio por medio de la biodiversidad; debiera permanecer en el tiempo sin la necesidad de mayores cuidados y se esperaría una máxima eficiencia por el uso de cultivos horizontales y verticales y por la generación de un sistema rico y complejo, sobre y bajo el suelo. 

 

Nuestro terreno en sus comienzos era un bosque de árboles de tamaño medio y bien denso. Dentro de las principales especies nativas reconocidas, encontramos guabiraba, Pau Brasil, sucupira, mangaba y cajú, entre otros. El resto son árboles de tronco bastante delgado que crecen bien tupidos y que, al menos para los nativos de la zona, no son de gran interés.

Para comenzar con el sistema de bosques de alimentos, hemos tenido que hacer un buen diseño con el catastro de las especies que queremos conservar y de aquellas que podrían ser taladas para dar paso a la plantación de otros árboles y cultivos. Eso de la tala de árboles ha sido un proceso difícil para mí, ya que tengo demasiado instalado el concepto de la conservación y me duele el alma cada vez que veo caer un árbol; claro que ahí comienza mi trabajo de auto convencimiento de que es necesario hacerlo si quiero producir alimento y que ellos serán de un modo u otro devueltos a la tierra. Algo así como una aceleración de lo que ocurriría naturalmente con ellos en unos cuantos años más. Así me he preocupado de que cada árbol cortado sea incorporado de alguna manera en el diseño de producción que estamos haciendo.

En lo personal, no me gusta el diseño lineal de producción cuando estamos hablando de una parcela familiar. Es por esto que hemos decidido hacer un diseño de diferentes mandalas por toda la parcela.

Los mandalas se originaron en India y su nombre en sánscrito significa círculo sagrado de energía o energía vital del universo. Siendo éstos formados por geometría (geo=tierra metría=medición) pura, la que tiene sus orígenes en la naturaleza y ha dado patrón de formación o crecimiento a todo aquello que habita. El origen de esta ciencia que ha sido de las más antiguas en la historia de la humanidad, nació debido a la necesidad de planificar y ejecutar los antiguos ritos religiosos relacionados a la agricultura.

Al nombre de mandalas se le atribuye cierto misticismo, sin embargo, aquí también estamos hablando de ciencia, donde la energía es la fuerza conductora de la creación y del cambio. Estas formaciones trabajan con las energías de la tierra y del cosmos, transformándose en un centro energético y de equilibrio. Pensando así, es que se hace interesante crear aquella fuerza y equilibrio en nuestro entorno y especialmente en aquello que será la fuente de nuestro alimento.

 

 

En relación a la forma que se le da al sistema de cultivo, existen una serie de significados, por ejemplo, el círculo permite a la energía fluir alrededor de los cultivos de manera natural, de hecho, muchas de las energías de nuestro planeta se manifiestan en patrones circulares, como los remolinos, huracanes y tornados. El cuadrado es equilibrio y estabilidad, el triángulo se relaciona con el agua, la transformación, la vitalidad; el espiral busca generar energías curativas, la cruz es símbolo de los puntos cardinales y la toma de decisiones; el pentágono representa los 5 elementos, los 5 sentidos humanos; el hexágono es equilibrio y unión de contrarios; el laberinto es la búsqueda del centro de uno mismo y la estrella es la unión de los opuestos y complementarios, algo así como el yin y el yang. En la edad media se consideraba a la estrella rodeada de un círculo, como símbolo de protección y magia, para otros representa el alma.
El primer diseño que hemos realizado, ha sido algo así como un mandala con una flor de seis pétalos, el que en su centro tiene plantado un árbol de graviola (fruta deliciosa similar al sabor de la chirimoya), un árbol grande que en su estado de máximo desarrollo podría necesitar de unos 5 a 6 metros de diámetro. En torno a él, cavamos unos 40 centímetros de suelo para poner en la base de las camas rastrojos de ramas pequeñas y hojas, y por sobre ellas la misma capa de suelo inicial misturada con estiércol y algo de polvo de rocas. En los pasillos se incorporaron las mismas ramas y ramillas de los árboles que tuvimos que cortar para dar luz y espacio a los cultivos; una manera de hacer un diseño ordenado y de potenciar el aumento de microorganismos que comenzarán a trabajar en el lento proceso de pudrición de la madera, dando paso a la actividad biológica y a la disponibilidad de nutrientes para lo que vamos a cultivar. En cuanto a la plantación y siembra, pusimos varias hortalizas de hojas y algunas raíces como yuca y camote. Poco a poco iré consiguiendo las herbáceas y arbustos necesarios para hacer el sistema completo.
En otros sectores de tamaño más pequeño (siempre vamos dejando islas de bosque nativo entre medio), las figuras que estamos haciendo son circulares entorno a cada árbol; mango, piña (es tipo graviola pero muy pequeñas), coquero, sapotí, etc. En ellos dejamos un camino para la entrada y circularmente en torno al árbol se ha preparado la cama de siembra de forma similar a la antes mencionada, siempre considerando el diámetro que necesitará cada árbol en su estado de adultez.
En otro sector de la parcela hicimos una figura de un pentágono que en el centro tiene un limonero y también hicimos otro lugar amplio con un mango en el centro y una estrella de seis puntas marcando la circulación. Todas las figuras han sido desarrolladas con el trabajo de suelo antes mencionado y para el diseño se han ido incorporando los mismos árboles que hemos tenido que cortar.
Una vez listos los diseños, ahora hemos comenzado a cubrir con materia orgánica para hacer la cobertura de suelo y dar paso a sembrar y plantar especies adaptadas a la zona.

 

SEMILLAS “Origen de la vida”

Abril 2018

 

Una semilla se puede definir como la parte de un fruto que contiene el germen de una nueva planta o también como la máxima concentración de vida en materia seca. Este germen tendrá características similares, pero no exactamente iguales a su planta de origen, ya que el sistema de reproducción por semillas es de carácter sexual y siempre nos enfrentaremos a la variabilidad genética.

Las semillas pueden ser clasificadas como endémicas, siendo éstas originarias de un solo lugar en el mundo, como por ejemplo el copao (similar a la tuna) fruta endémica de la región de Coquimbo en Chile; las hay nativas, que son aquellas que pertenecen a una región o ecosistema determinado pero que se pueden encontrar también en otros lugares de condiciones similares. Las semillas locales o adaptadas, son especies que no son necesariamente endémicas ni nativas, ellas pueden haber sido traídas de otro país o continente pero que con el pasar de los años se han convertido en el resultado del proceso de co-evolución donde ellas han ido interactuando con el medio y generando cierta resiliencia. Hasta aquí todo va basado en un proceso donde la naturaleza se encarga de hacer de las semillas, una fuente de vida. Con la intervención de la industria, las semillas más utilizadas al día de hoy no son ninguna de las antes mencionadas, sino que son semillas desarrolladas principalmente en laboratorios donde se ignora totalmente el entorno y son seleccionadas para dar una producción estandarizada y máxima en el marco de unas condiciones ideales, junto con la aplicación de fertilizantes sintéticos y luego de pesticidas. Un paquete completo que no permite a la planta evolucionar con su medio y menos defenderse y alcanzar un equilibrio con el sistema; y peor aún, es que quien las cultiva no puede conseguir recolectar sus semillas para la próxima producción, ya que su calidad es sumamente inferior en todo aspecto y eso obliga a seguir comprando y favoreciendo la industria. Con las semillas transgénicas ocurre lo mismo que con las comerciales pero elevado a 10.000. La co-evolución no es que no se tenga en cuenta, es que se rompen por primera vez en la historia la dinámica natural de la evolución, introduciendo en una especie en particular, genes de cualquier otro reino o género, con unas consecuencias imprevisibles en el futuro. Estas plantas alteradas, al llegar al medio natural, pueden acabar con equilibrios ecosistémicos alcanzados tras siglos de co-evolución, pudiendo generar desastres ecológicos inimaginables.

En los tres últimos siglos, como consecuencia de la aceleración de la expansión e intensificación de la agricultura, la revolución industrial y la urbanización; la biodiversidad se ha reducido considerablemente, provocando la extinción o amenaza de un gran número de especies vegetales y animales endémicas.

Tomando en consideración lo antes mencionado, es que debemos siempre intentar potenciar el rescate de semillas originarias de los pueblos, de realizar la práctica de bancos vivos (conseguir semillas, sembrar, cultivar, cosechar semillas y nuevamente sembrar, guardar unas pocas y compartir otras tantas), privilegiar lo local antes que lo foráneo y potenciar la biodiversidad por sobre la productividad.

En esta experiencia de viaje, donde me he venido a vivir lejos y no he podido traer mi propio banco de semillas, me ha tocado comenzar desde cero; donde la llegada de cada semilla a mis manos se ha convertido en un tesoro que tendré la responsabilidad de cuidar, conservar y propagar. Así es como Carliños me trajo unas semillas de maní que han venido cultivando en su familia por generaciones; Angely me ha regalado un especie de espinaca que ya lleva unos cuantos años instalada y produciendo muy bien en su huerta, también me ha dado unas raíces de yuca o macaxeira que se ha dado por años en este lugar; July me compartió unas pocas semillas de un tipo de maíz nativo que se consiguió hace un tiempo con una guardadora de semillas y hoy queremos juntas sembrarlas cuidarlas y reproducirlas, en otras palabras, hacer nuestro primer banco de semillas de maíz nativo (muy escaso hoy en día), para lo cual es muy importante no tener ningún otro cultivo cercano (hasta 300 mt) ni tampoco sembrar más de una variedad al mismo tiempo para así evitar la polinización cruzada y mantener la pureza varietal, condiciones que se dan ideales para hacerlo acá en la huerta en medio de un bosque como barrera natural. Siguiendo con la colecta, encontré unas maracuyás que cosechamos en el camino y he sacado sus semillas que ya están comenzando a germinar; coseché también de un árbol de açaí que tenía don Luis en el vivero que según me dijo él, no tendrían problema para germinar. Algunas otras como lechugas, zanahorias y tomates, las he conseguido en el mercado sin mucha intensión de preservar, sino que solo de producir para consumo hasta que algunas más interesantes lleguen a mis manos y las pueda conservar. Otra cosa que estoy haciendo es ponerme en contacto con pequeños productores, algunos grupos de intercambio de semillas e intentando hacer algunas redes que me permitan comenzar a contactar a quienes se encargan por estos lados de preservar.

 

LA HUERTA

Marzo 2018

 

Después de pensar bastante en el proyecto de hacer un bosque de alimentos, también he decidido hacer una huerta de unos 10 x 15 mt2 que tendrá solo ese objetivo por siempre, ser huerta. Esto, debido a dos razones; la primera es que mientras los árboles estén pequeños, el sistema de árbol combinado con huerta funciona perfecto, pero si luego de unos años quiero dejar crecer los frutales, algunas hortalizas de la huerta se deben desplazar a otro lugar (por las necesidades de sol). El otro motivo de real importancia, es la disposición de materiales, ya que es diferente comprar 50 mt de malla gallinero que 600 mt y lo mismo proyectado a escala en almácigos, árboles, plantas, mano de obra, etc. Así, concretando la idea, junto a Carliños marcamos cual sería el mejor lugar para ésta, tanto por un tema de sol, circulación y aprovechamiento del lugar.

Finalmente proyectamos un espacio de 150m2 en los cuales hemos diseñado tres canteros (así les llaman por acá) o bancales. Uno es de 8×1 m y dos son de 7×1, con pasillos de 50 cm y un pequeño vivero para la reproducción de plantas de 2×5 m aprox. Calculando así, tener una producción que si bien no da para cubrir todas las necesidades alimenticias familiares, si da para ser un aporte y, sobre todo para comenzar a experimentar en producción tropical. Un punto a considerar, es que me gusta trabajar en huertas pequeñas con la construcción de bancales por diferentes motivos; éstos le dan un orden al espacio de trabajo, permiten contener de mejor manera la materia orgánica que se va formando sin perderla por lluvia ni arrastres, se evita pisar en el lugar de cultivo y por ende la compactación que esto origina, se puede cultivar de manera realmente intensiva y se disminuye la aparición de plantas espontáneas no deseadas.

Tomadas las medidas, he conseguido en el mercado unos 50 metros de malla gallinero para cercar y un par de bisagras para la puerta. Este para mi es el primer paso ya que hay muchas gallinas y cabras alrededor. El resto de los materiales será madera que sacaremos del mismo bosque.

Han pasado ya un par de semanas que fueron dedicadas a jardinear el entorno de la casa mientras lográbamos terminar de cercar el sector de huerta y de rellenar el primer bancal de siembra. Para preparar el suelo, cavamos un poco hasta lograr unos 50 cm de profundidad. Luego comenzamos picando ramas en trozos de 30 cm aproximados y esa fue la base de la cama. Después pusimos una capa de hojas y sobre eso, tierra recogida del mismo bosque del lugar. Después de unas cuantas lluvias agregamos una buena capa de guano de vaca; otro poco de tierra del bosque y finalmente devolví los primeros 10 cm de la tierra sacada en la excavación inicial (capa con mayor contenido de materia orgánica y actividad biológica). Así, ya estaba lista una cama de 8×1 y procedí a sembrar y plantar. En paralelo, comenzamos junto a Carliños a hacer el riego.

Para la siembra, dividí el bancal en dos y en la primera mitad trasplanté las diferentes variedades de tomate que tenía, donde entre ellos puse albahacas de diferentes variedades, cebollines, cilantro y perejil. En la segunda mitad sembré hojas como mizunas, rúculas, lechugas y tatsoi.

 

 

El riego, lo hicimos entubando el agua desde el sector de la torre de agua, avanzando unos 30 metros hasta el sector de la huerta. Ahí va a quedar cada bancal con una llave y dos cintas de riego. El goteo por acá parece que no se usa mucho, ya que por donde pregunté, no encontré más que la tubería y una que otra pieza de unión, sin encontrar lo más importante que es el gotero. Es por este motivo que finalmente conseguí unas cintas de riego que las usan para pasto y lanzan un chorrito fino y suave en varios puntos de ella. Si pensamos en hortalizas de hojas, este sistema donde también se riega la hoja es ideal por un tema de calor y deshidratación, sin embargo, para plantas como tomate que son sensibles al ataque de hongos, es preferible el riego directo al suelo e idealmente goteo. Así es como fui bajando la presión de la llave para convertir esa pequeña lluvia en casi gotas. Vamos a ver cómo resulta…

Ya ha pasado una semana desde la siembra del primer bancal y las plantas van bastante bien, a excepción de los tomates que están en franca marchitez y aún no tenemos certeza de qué les pueda estar sucediendo. Si bien no me parece nada fantástico que los tomates hayan enfermado, lo bonito ha sido ver como todos aquí alrededor han intentado ayudar y ver qué les puede estar sucediendo…han sido momentos de conversaciones entre vecinas, el pedrero, Carliños, July, Angely y todos en conjunto barajando hipótesis e intentando buscar una solución. Incluso mi amiga Paz desde Australia pensando en los tomates de la huerta y tratando de leer que es lo que les puede estar sucediendo. Y cómo nutre esta situación, todos juntos por un viaje a la resiliencia.

LA VIDA EN EL SUELO

Marzo 2018

 

Se entiende por suelo, como la capa más superficial y delgada de la corteza terrestre donde habitan numerosos organismos y crece la vegetación. Se ha formado muy lentamente a través de los siglos como la manifestación de una suma de procesos relacionados al clima, el tiempo, tipos de roca madre, la topografía y factores biológicos.

El suelo está compuesto por una porción inorgánica y otra orgánica, la primera proviene de la desintegración de las rocas, donde los tamaños de las partículas minerales determinan sus propiedades físicas: textura, estructura, capacidad de drenaje del agua y aireación. La segunda, corresponde a una porción biológica u orgánica como resultado de la acción de innumerables microorganismos como bacterias, hongos, nemátodos, numerosos insectos y lombrices que descomponen y transforman los restos vegetales y excrementos animales en materia orgánica. La proporción e interacción mineral y orgánica que lo componen, dará origen a las propiedades químicas y su disponibilidad de nutrientes para el desarrollo vegetal.

El mejor ejemplo de vida en el suelo es aquel que se encuentra dentro de un bosque, donde existe una gran diversidad de flora y fauna. Las raíces de los árboles sujetan la tierra, el follaje de los árboles suaviza el impacto de la lluvia y la fuerza del viento; los restos vegetales y animales son transformados en materia orgánica y dan paso a la formación de una buena capa de suelo. Sin embargo, bosques quedan pocos, la población aumenta, con ella las construcciones y la necesidad de producir más alimentos. Están siendo talados y quemados, la lluvia y el viento generan erosión, los ríos están contaminados; plaguicidas y pesticidas son usados sin control. Es por ello, que cada trozo de tierra que tenga como destino ser un jardín o espacio de cultivo, debe ser tratada como lo que es; un organismo complejo y vivo que necesita la interacción de todos sus componentes para lograr un equilibrio.

Existen algunos suelos más difíciles que otros para trabajar, algunos son muy pesados producto de la alta proporción de arcilla, otros como los arenosos retienen poca humedad y nutrientes, algunos no permiten la infiltración de agua, otros son salinos o muy ácidos y otros simplemente están muertos por la acción humana y la concepción de que su única función es ser un medio físico para sostener la planta. Sin embargo, si el suelo no es el más apropiado para un cultivo o jardín, el ser humano tiene la capacidad de regenerarlo por medio de la incorporación de materia orgánica, minerales y la activación biológica de éste. La receta siempre es la misma; si das vida, vida te dará.

Para dar vida a un suelo, yo siempre tomo algunas medias básicas que son:

-Conocer el suelo con el que contamos; sus características físicas, químicas y biológicas.

-La no utilización de fertilizantes y pesticidas químicos sintéticos, ya que son los principales causales de la contaminación y muerte de vida en el suelo.

-Sembrar y plantar siempre en contra de la pendiente para evitar erosión.

-Utilizar barreras naturales para controlar los vientos.

-Usar cobertura vegetal viva o rastrojos (restos de cultivos). No dejar suelos descubiertos.

-Incorporar mucha materia orgánica como compost, humus, guano y todo tipo de material que pueda servir para aumentar la vida en el suelo.

-Favorecer la biodiversidad por sobre la producción de pocas o una sola especie.

Por estos lados de Brasil donde me encuentro, la gente tiene clasificados sus suelos como “malos para la producción de hortalizas”, sin embargo, se dan muy bien especies como la albahaca, berenjenas, yuca, lechuga, cilantro y el maní.  Se ve un buen desarrollo de frutales como maracuyá, cajá, cajú, jambre, mango, mangaba, guayaba, bananos y unas cuantas especies más. Por mi parte, pienso que no existen suelos malos ni buenos; más bien creo en la existencia de especies adaptadas a ciertas condiciones, y en la posibilidad de adaptar a otras trabajando en la incorporación de materia orgánica, minerales y otras prácticas como biopreparados fermentados que favorezcan la actividad biológica en el suelo. Transformándose en una manera de aumentar la biodiversidad y favorecer la variedad en la alimentación de las personas.

LA AGRICULTURA Y SUS SISTEMAS

Febrero 2018

 

En los comienzos de la humanidad, las personas vivían principalmente de la recolección, además, complementaban con la caza y la pesca si tenían acceso a ella. El nacimiento de la agricultura, entendiendo por ésta a la cría de ganado y producción de alimentos, se fue dando en la medida que el ser humano comenzó con el proceso de domesticación de animales a través del pastoreo y de las especies silvestres que eran consumidas por el hombre y que respondieron bien al ser cultivadas bajo condiciones similares a las de su estado natural. Junto con la agricultura, también, se introdujo la posibilidad de establecer asentamientos humanos y comenzar con el proceso de arraigo geográfico de pequeñas comunidades.

Con la práctica de la agricultura, se produjo un aumento en la producción de algunos alimentos, proporcionando cierta seguridad alimentaria (acceso seguro y permanente al alimento) y favoreciendo la posibilidad de formar asentamientos humanos; sin embargo, también ocurrió un empobrecimiento en cuanto a variedad en la alimentación. Esto debido a que, cuando predominaba la recolección, la alimentación era bastante más ligada a la estacionalidad de los alimentos y así conectada con los ciclos de la naturaleza y las necesidades humanas.

Si bien la recolección, la pesca, la caza y la agricultura han acompañado al hombre a lo largo de la historia; fue gracias al intercambio o trueque de semillas, plantas, animales y saberes, el que las sociedades han podido luchar por su soberanía alimentaria (derechos sobre la producción del alimento de los pueblos).

La historia del hombre es también la historia de su alimentación. Los alimentos que consume un pueblo, son producto de toda su historia cultural y social.

Son muy diversas las maneras de hacer agricultura, tan diversas como la expresión de cada sistema en particular. Todo suelo es distinto, cada semilla tiene su historia, el agua nunca es la misma y el sol no calienta siempre igual. No existen recetas únicas para cultivar, pero si existen principios de la naturaleza.

Muchas veces caemos en confusiones con respecto a las corrientes y sistemas de agricultura; escuchamos sobre permacultura, agrofloresta, agricultura biodinámica, agricultura orgánica, agricultura respetuosa, agricultura natural, etc. Sin embargo, mi forma de pensar es que no necesitamos seguir un solo sistema; lo que necesitamos es conectarnos con la naturaleza y hacer nuestro propio sistema ayudados por lo que conocemos, por lo que leemos, por lo que nos hace sentido y por lo que queremos. Creo firmemente en que, para cultivar nos debemos basar en el respeto por la tierra (todo lo que vive es tierra) y en la real comprensión de la biodiversidad. No necesitamos recetas ni grandes maestros, necesitamos conectarnos con el lugar, el entorno, comprender la historia y hacer un esfuerzo por conocer en lo más profundo el espacio donde vamos a intervenir para producir nuestro propio alimento. Debemos trabajar en dar entes de recibir, en comprender que un alimento es la manifestación de la vida en el suelo, en considerar a cada semilla como un verdadero tesoro, en cuidar el agua y manejar sistemas con el mínimo uso de ésta; potenciar el uso de recursos propios y compartidos, el trabajo comunitario y por sobre todo, hacer un intento por comprender la historia y la cultura del lugar donde se quiere cultivar, ya que sin cultura no hay “agri – cultura”.